Pequeñas grandes lecciones de la música y la vida

 

 

«lo malo del azul es que se convierte en verde a poco que te descuides»

Ángeles Caso, El mundo visto desde el cielo

Por Silvia Blanco

No llegué a conocer a Rafa en persona. Lo hablamos más de una vez y quedé en pasarme algún día por El Paso (Piñera, Cudillero) para preparar una entrada sobre su templo del blues. Pero es otra de esas tantas cosas que voy dejando para otro momento por falta de tiempo, así que no, no llegué a conocer a Rafa.

Durante el último año y pico hemos intercambiado emails. En ellos se dejaba ver un hombre entregado, puntual en su programación mensual, detallista en la presentación semanal de los grupos, apasionado de la música y luchador por su negocio, del que celebraron hace pocos meses el XXI aniversario.

Imagino que tras esa pasión, organización y entrega ha habido mucho cansancio, y, en ocasiones, quizá desánimo. Imagino que, como todos , habrá tambaleado, habrá pensado en tirar la toalla, habrá buscado la forma de reinventarse. Porque, como todo el mundo dice, no son buenos tiempos para los negocios ni buenos tiempos para la cultura. Pero ahí seguía, semana tras semana, a golpe de blues. Y dándonos ánimos a los demás.

Quiero pensar que en realidad no hay malos tiempos para el arte ni para la música (en todo caso para quienes se dedican a ello), e igual que hay una canción para cada momento, hay una forma de dedicarse a la música en cada circunstancia. Rafa encontró la suya y, por lo bien que hablan de él quienes lo conocían, lo hizo con acierto, poniendo en ello la mejor intención y todas sus ganas.

La música nos enseña a distinguir dos facetas del tiempo: la duración y la velocidad (tempo) con la que se ejecuta una pieza. En función del tempo, una misma obra musical tiene una duración más o menos larga. El tempo ejerce una fuerte influencia en las sensaciones. El R&B, de tempo lento, suele asociarse a la melancolía y al sentimentalismo, pero también nos invita a la relajación y al ensoñamiento, a tomárnoslo con calma, a imaginar, a dilatar las sensaciones… porque se mueve entre el adagio, lento y calmado, y el andante, tranquilo pero fluido, también llamado al paso.

Pero además, en cualquier composición o interpretación debe tenerse en cuenta la intensidad (de muy débil a fortísima) que, junto al ritmo, determina la percepción del ambiente musical. La duración, la velocidad, la intensidad… todo ello determina el movimiento y las sensaciones.

Dándole vueltas a todo esto, lamentando no haber conocido a Rafa, no puedo evitar pensar en las pequeñas grandes lecciones de la vida que siempre se nos recomienda no olvidar. Que el único tiempo que te falta es el que no puedes recuperar. Que no vivimos más por vivir más rápido. Que el ritmo importa tanto como la intensidad con que vivimos. Y que de la nostalgia a la esperanza, como del verde al azul, solo hay un paso.

En recuerdo de un hombre de blues a quien no llegué a conocer.

Imagen de cabecera: Pierre Bouillot (vía Unsplash)