La narración oral en Asturias: conversación con Carlos Alba

Actor, monologuista, cuentacuentos y, en definitiva, narrador oral, Carlos Alba (Avilés, 1972) es uno de los contadores más reconocidos de Asturies. En activo desde mediados de los noventa, sus recursos escénicos son tan variados como sus espectadores y sus trabajos se desarrollan en diversos ámbitos del contar: cuentos para público infantil y adulto, espectáculos juglarescos, teatro de objetos con títeres y marionetas, y, en especial, la recuperación de un género propio del teatro asturiano a través de su personaje Cellero: el monólogu asturianu.

Ganador del Premio FETEN 2015 al Mejor Texto Adaptado por su espectáculo Juan Soldado, Alba aúna en sus propuestas una innovación escénica que se asienta sobre las bases culturales de nuestra región: leyendas, mitos, músicas, costumbres, identidad y llingua.

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Fuente de imagen: Facebook
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¿Qué es para ti la narración oral?

En la narración oral se me juntan varios temas o aficiones. En primer lugar, el teatro. Pero dentro del arte escénico, la posibilidad de tener un trato directo con el público y de trabajar otras cosas como: la llingua (en el caso de Asturias), la tradición oral, algo de antropología, la escritura, la educación, la adaptación de textos y la literatura. Con el tiempo, y más que como una decisión como una forma de adaptarme a los trabajos que me han ido surgiendo, me especialicé en la narración oral y, por tanto, mis proyectos creativos caben dentro de esta especialidad. Pero, para que la narración oral me llenara como actor, tuve que buscar mi propio camino en el género, y éste es la búsqueda de un “teatro narrativo”. Si no hubiera encontrado este camino, la narración de por sí no me hubiera llenado como actor. El primer paso fue profundizar en el monólogu asturianu, creando mi primer personaje –Cellero– que me permitió recuperar historias antiguas y crear otras contemporáneas con mayor implicación social. Así también me sirvió para profundizar en las raíces familiares y la tradición oral, pues el personaje está basado en mi bisabuelo. Todo esto me llevó también a trabajar el asturiano con más conciencia lingüística, y en las posibilidades de adaptarlo fuera de Asturias con una especie de “castellano antiguo” (excepto en Galicia, León y las zonas catalanoparlantes, donde lo hago en asturiano sin problema). A la par que el monólogo, intenté recuperar la figura del juglar. Esto me llevó a la necesidad de acompañarme musicalmente: con un rabel o con percusión. De estas figuras narrativas salté, en el montaje Llázaro de Tormes, a hacer teatro “puro y duro”, pero un teatro donde el elemento narrativo sigue estando presente, a pesar de que esta obra responde a un texto fijo y a un ritmo interno más cercano al teatro que a la narración, donde el ritmo interno está más ligado a la reacción del público.

¿Cómo empezaste a contar?

En el año 1993, estudiando periodismo en Madrid, empecé a hacer teatro universitario. Paralelamente, empecé a asistir a espectáculos de narración oral. Por aquel entonces en Madrid triunfaban los colombianos, con unas contadas muy impregnadas de espíritu teatral, por un lado, y de cercanía a la tradición oral, por otro. Me animé entonces, en 1994, a apuntarme a un curso de narración oral, o cuentos para adultos, que impartía Mercedes Carrión en el Ateneo Cultural de CCOO de Madrid. Desde el año siguiente, 1995, no he parado de contar.

Después de acabar mi carrera de periodismo, estudié arte dramático en Réplika Academia del Actor con Jaroslaw Bielski, entre 1997 y 2000. Durante mi formación, continué contando cuentos -en su mayoría para adultos-, de manera que pude ir introduciendo los recursos que iba adquiriendo como intérprete.

Siempre reflexiono para que esa evolución actor-narrador no haga perder a la narración su esencia sencilla de comunicación con el público.

¿Cuáles son los materiales que utilizas para componer tus historias?

Yo escribo mis propias historias, por un lado, y adapto otras -literarias y de tradición oral-. Las mías propias son mayoritariamente para adultos. Unas son una manera de hablar de las cosas que me preocupaban; otras, reacciones a la realidad social del momento. En todas me fue saliendo, casi sin querer, una vena humorística. De todas formas, el humor de mis historias está supeditado al cuento, al argumento, a la sucesión de acciones que forman el relato -sea en tercera o primera persona-, razón por la cual nunca me consideré un humorista.

Otras historias surgen de la tradición oral: tanto directa por historias familiares o que me cuentan los paisanos; como indirecta, a través de recopilaciones impresas. En cuanto a la literatura, mis fuentes como narrador fueron variadísimas a la largo de estos años: Tolstoi, Unamuno, Max Aub, Cervantes, Sánchez Mazas, Cunqueiro, María Josefa Canellada

Referentes.

Desde un punto de vista escénico mis referentes más potentes son personas o corrientes que poco tienen que ver con la narración oral: la tradición teatral de Europa del Este (me formé con un alumno de Jerzy Grotowski), Mijaíl Chéjov, José Luis Gómez; actores como José Luis Alcobendas, Ernesto Arias y compañías como Els Joglars o Teatro Meridional. Tengo dos referentes dentro de este mundo teatral que sí practican o han practicado la narración oral: Fernando Fernán Gómez y Rafael Álvarez “El Brujo”.

Si España se hubiera desarrollado de una manera distinta desde un punto de vista político-cultural pienso que Fernán Gómez hubiera sido nuestro Dario Fo, ejerciendo un magisterio de la narración oral en este país.
En cuanto a los referentes del mundo de la narración oral, citar a Victoria Gullón por su trabajo con los romances de tradición oral y con una manera de estar en escena natural a la par que trabajada; Maricuela, por su magnetismo y su sentido de lo cómico; la gallega Paula Carballeira por su torrente interpretativo; Quico Cadaval por la adaptación de historias; o Pepe Pérez por su simpatía y Pablo Albo por la autenticidad.

Desde el punto de vista teórico y analítico, mis referentes son Vladímir Propp y Antonio Rodríguez Almodóvar.

Para narrar en asturiano, desde el punto de vista lingüístico, tengo en mente a Milio Rodríguez Cueto y Ramón de Andrés. Sobre lengua y oralidad en general, en un tiempo estuve muy influido por Agustín García Calvo.

¿Por qué te dedicas a la narración oral? ¿Qué te aporta? ¿Qué buscas con ella?

Me dedico a la narración oral porque vivo de ella, tuve la ocasión de formarme y la suerte de poder desarrollar una carrera. Me aporta la posibilidad de crear espectáculos donde encuentro mi voz propia y transmito mi manera de ver el mundo. Esto tiene un componente lingüístico-cultural importante cuando actúo en asturianu. Además me da la posibilidad de ser independiente como sujeto creador, pues, aunque sigo dependiendo de que haya o no contrataciones, la inversión económica es pequeña, aunque la inversión personal es muy grande.

¿Cómo ves la situación actual de la narración oral en Asturies?

En Asturies hoy por hoy no hay una reflexión sobre el género, ya que la gente que lo practicamos lo hacemos, o bien por trabajo, o bien por ser una actividad ligada a la educación o la animación; pero falta ese componente vocacional. Actualmente veo la narración oral en Asturies demasiado ligada a lo infantil, al cuentacuentos, y con poca atención a un público más adulto. Contar cuentos es una actividad que va dirigida a toda la comunidad, como bien señala Rodríguez Almodóvar. Salvo excepciones, no considero un verdadero narrador/a a una persona que sólo cuente para niños/as. También, acorde con mi concepto de narración oral, considero narradores orales a los monologuistas asturianos.

La narración oral es un acto, amén de teatral, eminentemente lingüístico y muy apegado a la tradición hablada. En Asturies ésta siempre fue, y sigue siendo en gran medida, en asturianu. Como la llingua asturiana está desgraciadamente en proceso de desaparición, la narración ligada a la tradición oral no tiene la fuerza que posee, por ejemplo, en Galicia. Un narrador que en Asturies cuente cuentos en castellano, no es un narrador que haga tradición oral. Con mis espectáculos demuestro que la llingua, a pesar de estar denostada por los poderes políticos y públicos, hace vibrar y emocionarse al público que entiende todas las historias en asturianu.

En Asturies no hay un circuito de narración oral, como ocurre en otras comunidades, de manera que los espectáculos de cuentos para la infancia están inscritos en la programación del circuito de teatro, o por otro lado en programaciones puntuales de los ayuntamientos o asociaciones. Muchas veces se quiere, meramente, entretener a los neños más que ofrecerles un espectáculo teatral o educativo.

La narración oral para adultos apenas existe. En mis espectáculos para un público más maduro, que no considero narración oral sino teatro o una especie de respuesta personal al reto de actualizar y desarrollar el monólogu asturianu, busco una apertura del arte de contar a un rango de espectadores que no están acostumbrados a esta manifestación espectacular tan propia de Asturies.