Jorge Segura: «La risa es imprescindible para la salud mental»

Monologuista e imitador. También guionista, realizador y productor. Instructor o coacher. E incluso cantante. Cómico, a fin de cuentas, por encima de todo. Jorge Segura (Madrid, 1977) es un artista polifacético que combina en sus actuaciones el humor, el rock and roll y la magia. Conocido principalmente por sus actuaciones en Central de Cómicos (Paramount Comedy), también ha sido colaborador de Noche sin tregua (Paramount Comedy), guionista en Cruz y Raya (TVE) y en Sabías a lo que venías (La Sexta) y creador de La patrulla cómica (Cadena 100).

Pero si algo le deben la comedia y los aspirantes a cómicos de nuestro país es el haber fundado en Madrid el primer Open Mic de España, un formato de Comedy Club que ha ido extendiendo por otras comunidades como Alicante, Valencia, Murcia, Barcelona, Albacete… y desde ahora, también en Asturias.

Buscando formarse fuera de nuestras fronteras, ha investigado y actuado en Chicago, Nueva York, San Francisco, Londres y Sidney. El próximo viernes 30 de octubre se subirá al escenario en Moreda, acompañando a Churi, Fran Estrada y Tiko Astur en el arranque del Asturias Comedy Club. Nos presentará su trabajo dedicado a la estupidez humana, con todo lo que el tema puede dar de sí, a modo de crítica, para reírse y no sufrir en exceso lo que se ve diariamente. ¿Te lo vas a perder?

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Fuente de imagen: Facebook
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 «En Asturias, por cierto, se está cociendo una hornada de cómicos muy prometedora, como Churi, Fran Estrada y Tiko Astur, que están haciendo cosas muy interesantes»

 

Por Silvia Blanco

Jorge, ¿en qué te inspiras para escribir tus historias? ¿Los tópicos y clichés siguen siendo un recurso válido?

En realidad hay ciertos tópicos y clichés que prefiero romper antes que seguir fomentándolos. Hay algunos que sí son eternos, pero aún así siempre se les puede dar una vuelta. Todo el tema de pareja, por ejemplo, está tratadísimo; por eso, a la hora de hablar de ello, es mejor darle un enfoque nuevo o romper con lo establecido.

¿Hoy en día hay que trabajarse más las historias para que el espectador se identifique?

Bueno, es que hemos cambiado el formato de humor. Hemos importado de Estados Unidos el estilo de monólogo stand up comedy. Allí llevan más de 70 años con ese formato, que surgió inspirado por los predicadores, pero aquí lleva poco tiempo, y aún está cogiendo forma. Lo más parecido al stand up que tuvimos hasta hace pocos años en España fue el humor de Gila, aunque no conllevaba la implicación de los cómicos de ahora con sus historias.

Y desde luego, sí, hay que currárselo más, porque cada vez hay más cómicos, gente nueva que habla de cosas interesantes, así que el que no se lo trabaja y sigue siempre con lo mismo, acaba quedándose atrás.

Me acabas de mencionar a Gila… ¿Cuáles son tus referentes humorísticos?

Mi influencia es muy anglosajona. Yo hacía sketches con otro cómico cuando tuvimos contacto con Paramount Comedy (lo que es ahora Comedy Central). Les ofrecimos sketches, pero nos adentraron en este formato de humor que yo hasta entonces desconocía. Me puse a ver monólogos americanos para autoformarme e investigué lo que se hacía. Me pareció interesantísimo todo lo que iba descubriendo y me puse a trabajar en ello.

¿Este tipo de comedia tiene buena acogida en España?

Bueno, en España aún queda mucho para llegar a explotar determinados tipos de humor. En España la gente se ofende por todo muy fácilmente, y no hay un código válido para saber qué está bien o no está bien abordar en comedia. Si estamos en un contexto de humor, deberíamos dar por hecho que lo que se dice no traspasa el humor, pero la gente se ofende igual o más. Así que todavía queda mucho trabajo que hacer para poder hablar de absolutamente cualquier cosa y que la gente no se violente. En Estados Unidos esto está superadísimo: a quien se sube a un escenario en un contexto de comedia se le permite equivocarse, hablar mal de lo que sea, y la respuesta no es tan visceral como aquí, donde todo el mundo se altera muy rápidamente por cualquier cosa.

Yo me he inspirado mucho siguiendo esa línea, intentando fomentar la rebeldía dentro del arte, para revolucionarlo desde dentro. Desde mi posición intento que se deje de hablar de lo de siempre y de la misma manera, intento decir cosas nuevas, dar nuevos enfoques, arriesgar, alejarse de lo que es “normal”… En uno de mis monólogos, por ejemplo, hablo de “los normis”. “Los normis” son el 90% de la población, son personas que sufren de normopatía, la enfermedad de ser normal. Un día, por casualidad, lo busqué en Internet, y descubrí que un científico había acuñado el término normopatía explicándolo como yo lo hubiera explicado. Así que llegué a ese término a través de la comedia mientras que otro llegó a través de la ciencia.

Hay que atreverse, en definitiva, a decir las cosas. En otro de mis últimos monólogos cuento lo ridículo que me parece que el gobierno haya empezado a prohibir los motes en los colegios para que los niños no se ofendan. La inspiración me viene de los americanos, a quienes he visto arriesgarse y mojarse mucho.

Es indiscutible la viralidad de algunos contenidos cómicos. Pero para los humoristas, ¿Internet es una ventaja o un inconveniente? ¿Os ayuda a daros a conocer, pero al mismo tiempo os obliga a trabajar más para darle al público algo nuevo?

Pues sí, eso pasa. De hecho, mis monólogos no están completos en Internet, sólo hay trocitos, para evitarlo. Aunque lo triste es que a veces sucede también que el público reclama lo de siempre. Yo intento mantener el anonimato suficiente para poder sorprender al público.

Internet sí que es una herramienta muy potente y muy útil a la que hay que adaptarse. A mí en concreto me cuesta mucho: cuando no tenía Facebook, tuve que abrirme una cuenta porque todo el mundo me la pedía. Y cuando ya tuve Facebook, empezaron a preguntarme por el Twitter. Con lo que me costó aprender, yo les preguntaba: ¿no me convalidan nada, tengo que empezar de cero? Y ahora hace un mes van y me dicen que ahora lo que lo peta es el Vime, y yo, con los ojos como platos, ¿pero eso qué es?

Si quieres estar a tope en redes tienes que estar todo el día dedicado a ello. La red tiene una voracidad tremenda, se lo traga todo. Hay que ser muy constante para tener muchos seguidores: es un currazo si pretendes hacerlo medio bien. Pero hay que reconocer que lo que funciona en este país (a nivel de venta de entradas) es que te conozcan, así que hay que intentar encontrar un equilibrio.

Yo prefiero tener prestigio que fama: no me conoce mucha gente, pero la gente que me conoce y sabe lo que hago, me valora. Soy un poco idealista al respecto. Figúrate que antes lo he llamado arte, a ver cuántos monologuistas se refieren a esto como un arte.

Hablas de la calidad. Detrás de la construcción de un monólogo hay mucha dedicación y esfuerzo. ¿Cuál es tu rutina de trabajo?

Cuando preparas un texto, lo suyo es probarlo con cuanta más gente mejor para luego ir puliendo y mejorándolo. Vas probando, lo que te vale lo vas anotando y cuando ya tienes probado puedes montar y llevarlo a algún lado. ¿Y dónde se ensaya esto?

Pues hasta que creé en España el primer Open Mic en nuestro país no había ningún lugar donde los cómicos pudieran hacerlo. Ahora sólo en Madrid hay catorce. Desde que empecé con el primero seguí expandiendo los Comedy Club por Murcia, Alicante, Valencia, Barcelona… y el último en Asturias. Los Comedy Club son, en definitiva, una plataforma que ofrece a los cómicos un espacio abierto en el probar sus actuaciones para ir mejorándolas.

Así que la técnica que yo trabajo es esa, ensayo y error: primero pruebas con tu familia, con amigos cercanos. Luego les cuentas a colegas cómicos, a ver qué les parece. Después en un micro abierto con el público… y así vas anotando qué funciona y qué no funciona.


Sabemos que, entre otras cosas, impartes talleres de stand up. ¿Se puede aprender a ser gracioso?

No. Yo imparto masterclasses intensivas con grupos amplios, en las que intentamos dar un poco de teoría, porque sí que hay teoría de la comedia. Y la verdad es que sí me he encontrado con algunas personas a las que he dicho abiertamente que no les podía ayudar, que estaban perdiendo el tiempo.

Aprender comedia es como aprender un idioma: si te dan bien las lenguas a lo mejor en dos años pareces nativo, pero si se te dan peor puedes pasar quince años y seguir hablando fatal. En comedia, lo mismo. Si tienes un poco de instinto, aplicar la teoría ayuda bastante, porque es una manera de estucturar tu monólogo: aprendes de qué se compone un chiste (una premisa, un giro, un remate…) y conociendo los distintos elementos es más fácil tener la capacidad de generar chistes con una estructura más cercana a la teoría. Y cuanto más cercana a la teoría, la verdad es que mejor funciona.

No obstante, seguir una estructura no significa que todo el mundo haga la misma comedia, porque cada uno la desarrolla por donde quiere, pero hay cosas que son de cajón, como la coherencia. No contradecirse es importante, porque si no descolocas al público.

«Yo prefiero tener prestigio que fama: no me conoce mucha gente, pero la gente que me conoce y sabe lo que hago, me valora»

Nos has hablado de la inciativa de los Comedy Club. Por ahora el de Asturias es el último. ¿Tienes pensado seguir expandiéndolos?

A mí me gusta abrir un Comedy donde hay esa necesidad. Hace poco me llamaron, por ejemplo, de Badajoz, para proponérmelo. Normalmente funciona así: me llaman, me proponen y yo les paso todos los conocimientos que he ido adquiriendo con la experiecia. La gente, como te digo, me va llamando de varios sitios, y si vemos que se dan buenas condiciones, tiramos para adelante.

Antes de abrir el Madrid Comedy Club me fui de gira a ver cómo eran los micros abiertos por el mundo, sobre todo a Reino Unido, Australia y Estados Unidos. Partipé en ellos para ver su dinámica. Y después de todo lo que vi y aprendí, dedicí abrir aquí mi proyecto al estilo americano. Al principio costó que la gente lo entendiera. Los propios cómicos se sorprendían de que iban a actuar sin cobrar… a todos les tenía que explicar que es como si fuera un gimnasio gratuito para el atleta… Se les planteó como un lugar para ensayar, para entrenarse, con público presente. La gran diferencia con Estados Unidos es que allí incluso tienes que pagar. Costó que entrara el concepto, pero ahora está muy extendido y hay muchos micros abiertos por ahí con ganas de dar el paso.

¿Qué aprenden los cómicos en un Comedy Club?

Pues mira. Aquí en Asturias, concretamente, llevo un buen tiempo echándole una mano a Churi con el texto (también a Fran, pero más intensamente a Churi), para que él vaya aprendiendo y avance más rápido. En Asturias, por cierto, se está cociendo una hornada de cómicos muy prometedora, como Churi, Fran Estrada y Tiko Astur, que están haciendo cosas muy interesantes.

La idea es que luego Churi se quede allí un poco “al mando”, para recibir a todos los cómicos que quieran actuar allí en Asturias. Él tiene un poco la misión, por así decirlo, de transmitir los valores que nosotros defendemos, como por ejemplo la originalidad. También hay que intentar disciplinar a los cómicos, sobre todo en cuanto al tiempo. Otra de las cosas que se fomentan a través de los Comedy Clubs es la profesionalidad en todas las actuaciones.

Algo muy importante: intentamos enseñar a huir de la vulgaridad. Es más reconfortante tirar hacia un humor que pueda escuchar tanto un adulto como un niño, aunque el niño no lo entienda… Quizá es una obsesión mía ya como padre, pero a veces en alguna actuación hay público infantil y algunos cómicos no varían absolutamente nada su espectáculo y a mí me choca. Ya te digo que no sé si porque soy padre, pero cada palabra fuerte, cada cosa que dicen así vulgar… me desagrada un poco. Al final es mejor para el cómico, porque si un día tiene que ir a televisión es de lo primero que le van a decir es “no te sobres demasiado”, así que es bueno ir formándose en ese sentido.

Pongámonos filosóficos. ¿La risa lo cura todo?

Pues si no todo, muchas cosas. Si me parto un brazo, poco voy a arreglar riéndome. Pero si hablamos de sicología, creo que la risa es imprescindible para la salud mental. Así lo creo. Desde luego también se habla de otros factores como ser optimista, y demás. Pero el acto en sí de reírse, está estudiado que es muy beneficioso. Si incluso hay talleres de risoterapia… ¡pero bueno! Que la gente quede para reír forzadamente pudiendo ir a ver un espectáculo de comedia, a mí me parece ridículo, pero fíjate hasta qué punto es beneficioso que eso se hace, independientemente de cómo. Reirse, en definitiva me parece vital.

Ya para terminar. Jorge, ¿cómo animarías a la gente para que no se pierda el viernes el espectáculo de Moreda?

Ya de entrada, ver a estos tres comicazos que son la nueva sangre fresca de la comedia en Asturias es interesantísimo. Yo por mi parte voy con todo el equipo, con mis grandes éxitos y supermotivado, porque también tengo esa responsabilidad: imagínate que voy y de los cuatro el más flojo soy yo… ¡quedaría fatal!

No lo tengo fácil porque tengo que poner en práctica todo lo que les pretendo transmitir: tengo que llevar un monólogo original, divertido, que aporte algo, que no sea vulgar… Tengo que acercarme todo lo posible a ese ideal de comedia que propongo para marcárselo como ejemplo.

Así que voy con esa motivación y esa responsabilidad. El espectáculo promete ser muy interesante, ¡y hacer reír, que ya hemos dicho que es muy sano!

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: Jorge Segura

: @JorgeSegura77