«La ilusión puede mover montañas»: entrevista con Jorge Blass

Toda una vida dedicada a la magia le ha valido a este madrileño de sólo 35 años un cúmulo de premios nacionales e internacionales. Se entusiasmó por este arte siendo un niño y, desde entonces, ha combinado su largo recorrido por escenarios de todo el mundo con su aparición en publicidad, en programas de televisión (Magiatrix, Magia VIP, Un domingo cualquiera, Zona Disney, Nada x aquí, Por arte de magia…), en series, en cine… Además, ha diseñado los efectos mágicos de otros tantos espectáculos ajenos y se ha adentrado en el mundo editorial con dos grandes títulos: Magia para no dejar de soñar y La fuerza de la ilusión.

Esa fuerza de la ilusión que Jorge Blass arrastra y propaga, insuflando optimismo, alentando el esfuerzo y haciendo creer que todo puede ser posible si uno lo desea, llega a Asturias el domingo 28 de junio. Presentará en Metrópoli Gijón El Arte de la Magia, un espectáculo sorprendente que hará que los espectadores sueñen con lo imposible.

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Fuente de imagen: web de Jorge Blass
Fuente de imagen: web de Jorge Blass

 Por Silvia Blanco

Jorge, la magia te ha llevado a actuar en grandes ciudades de todo el mundo y seguramente a conocer gente de lo más variada. Además de ser una vocación y un trabajo, ¿te ha permitido experimentar la vida de una manera diferente?

Pues yo creo que sí, porque siendo mago aprendes cosas que tal vez el resto de la gente no tiene la oportunidad. Conoces un poco mejor a las personas, porque con la magia tienes que estudiarlas mucho, saber cómo reaccionan ante ciertos estímulos, cómo funciona su memoria y su percepción… Este arte al que yo me dedico sí me permite ver cosas que otros no ven, aunque muchas veces las tengan delante. La magia te da una mente un tanto analítica y te permite observar la realidad de otra manera. Con ella intento lo mismo que hace cualquier artista: observar la realidad y reinterpretarla o hacer algo que transforme esa realidad.

¿Cómo es el día a día de un gran mago? ¿Qué exigencias requiere el ilusionismo?

Hay mucha dedicación y mucho entrenamiento, desde luego. Pero también está la parte de crear, inventar algo nuevo que no existe y eso es lo que a mí más me gusta. En mi laboratorio de Madrid solemos juntarnos varios amigos magos o colaboradores míos y empezar a pensar ideas locas, a hacer tormenta de ideas… Luego muchas de esas ideas se convierten en lo que la gente ve en el escenario. Es un proceso apasionante que para mí es lo más divertido.

La creación por una parte y la presentación al público por otra son los dos mejores momentos de mi oficio. También hay que preparar el viaje, las entrevistas… eso ya es la logística. Los dos momentos principales, cuando inventas y estás creando algo y luego cuando lo presentas delante del público son los que a mí me apasionan.

Después de tantos años dedicándote a la magia, ¿cómo sigues encontrando inspiración para nuevos trucos, nuevos espectáculos, nuevos proyectos que no sólo no dejan de sorprender al público, sino que, al contrario, superan cada vez sus expectativas y su nivel de incredulidad? Por lo que me cuentas es muy importante la colaboración con otros magos.

Sí, desde luego, continuamente nos estamos reuniendo. Pero además de la colaboración entre magos es importantísimo observar mucho al público, porque va cambiando. Las inquietudes que tenemos ahora no son las mismas que las que tenía el público de Houdini, por ejemplo, hace cien años. Por eso hay que fijarse muy bien en qué es lo que preocupa a la gente, las inquietudes, los deseos. Los magos siempre nos fijamos mucho en los deseos del público. Hay deseos universales (como volar o teletransportarse) y hay otros más tangibles, por así decirlo. Los magos de la Edad Media, por ejemplo, hacían aparecer conejos de chisteras, lo cual se convirtió en un clásico, en un tópico de la magia, pero no por casualidad. En esa época se pasaba mucha hambre y el mago, en la calle, hacía aparecer frente a los espectadores un conejo, que no era más que comida: lo que hacía era materializar los deseos del público, que quería comer.

Ahora las cosas han cambiado y los magos tenemos que ofrecer, como cualquier otro espectáculo, algo que no sorprenda únicamente por el contenido, sino también por la presentación; la puesta en escena tiene que ser de nuestro tiempo. Por eso yo intento que la magia que hago sea muy del siglo XXI: hago magia con teléfonos móviles, con iPads… he incorporado las tecnologías a mi magia para que el público, de alguna forma, se sorprenda más. Hoy en día tiene más sentido que te sorprenda con tu teléfono móvil, que es algo que llevas encima y es prácticamente tu vida, que con una tarta u otro objeto.

De todos con los grandes magos con los que has coincidido o trabajado, ¿de cuál guardas un especial recuerdo por cómo te haya influido o por cómo te haya hecho cambiar el modo de ver la magia? ¿Alguno le ha dado un giro a tu trayectoria?

Por supuesto, Tamariz, que es mi maestro y el de toda mi generación de magos: nos ha enseñado mucho a todos, aunque luego cada uno haya tomado su camino. Juan es, sin duda, el mago español más influyente.

También hay un par de magos estadounidenses, Penn & Teller, que me gustan porque son muy transgresores, han sabido reinventar la magia, nada de lo que hacen deja indiferente. Y en ese sentido a mí me han influido mucho, he aprendido de ellos que a todo se le puede dar un giro. Lo peor que puede tener la magia es que sea previsible, que la gente sepa que ahora va a aparecer una paloma o que va a pasar tal o cual cosa… En cambio, si de repente haces un giro y consigues sorprender al espectador, le estás dando lo que necesita el público de hoy: consigues alucinarle con cosas imprevistas y emocionarle, ya sea mediante la risa, el asombro o algo más romántico. Y es que en realidad la magia consiste en lograr emocionar, no quedarse en el truco, sino llegar al espectador.

Ligadas a tu perfil de ilusionista desarrollas otras facetas, como la de empresario (7 Rojo Producciones), presentador, escritor e incluso actor (Pájaros de papel). ¿Con cuál de ellas te sientes más a gusto?

¡Me siento más a gusto con la de mago! (se ríe). Tengo una empresa y gestiono mi trabajo a través de ella, pero intento alejarme de ese mundo, porque choca completamente con mi actividad, que es la que me gusta y se me da bien. Así que como empresario no me identifico.

La experiencia de escribir sí me ha gustado, porque al final es lo que queda de ti, y te permite legar tus ideas. He escrito dos libros, Magia para no dejar de soñar, una fábula mágica orientada a niños. Y La fuerza de la ilusión, más enfocado a profesionales y empresas. Me gustaría escribir uno más. Ahora estoy tratando de darle forma a uno específico para magos, que exponga mis ideas y mi forma de pensar sobre la magia

Sabemos en septiembre estrenas en Madrid tu nuevo espectáculo, Palabra de mago, y como doy por sentado que en la tele te vamos a seguir viendo, me quedaba preguntarte si tienes algún proyecto editorial nuevo en mente, que ya me has confirmado, y si te volveremos a ver en el cine.

Pues mira, en el cine me vais a volver a ver dentro de poco. Este año se cumplen 500 desde el nacimiento de Santa Teresa y TVE ha hecho una TV movie sobre su vida, dirigida por Jorge Dorado, que se emitirá el próximo trimestre. Yo interpreto un papel de médico de la Inquisición. Es un pequeño cameo que me ha hecho mucha gracia, porque fíjate, haciendo de inquisidor, persiguiendo a herejes… ¡y uno de ellos podría haber sido yo mismo hace unos siglos! Ha sido una buena segunda experiencia cinematográfica. Pero insisto en que lo mío es la magia.

 

«Es algo que hay que inculcar desde la infancia, el optimismo. No un optimismo baladí, sino saber que las cosas son difíciles, que hay que dedicarles mucho esfuerzo, pero que se pueden conseguir»

Eres, además, miembro y patrono de la Fundación Abracadabra de Magos Solidarios, que pretende llevar y devolver la ilusión a quienes más lo necesitan. Antes nos hablabas de provocar emociones: la risa, el asombro, la fantasía ¿tienen el poder de cambiar el mundo?

Yo creo que sí, desde luego. Al final la realidad es la misma, pero hay que aprender a mirarla con unos ojos más esperanzadores, con más ilusión. Eso es parte de lo que intentaba transmitir en mi segundo libro, que la ilusión puede mover montañas en cualquier momento. Hay personas que enfocan el día a día de una manera, otras de otro modo, y al final cambia completamente dependiendo de cómo te enfrentes a las cosas.

Es algo que hay que inculcar desde la infancia, el optimismo. No un optimismo baladí, sino saber que las cosas son difíciles, que hay que dedicarles mucho esfuerzo, pero que se pueden conseguir. Yo una de las cosas que más pongo en valor es la cultura del esfuerzo: estamos en una época en la que todo parece fácil, sales en la tele y con una aparición ganas mucho dinero; los niños pueden ver eso como algo normal e incluso aspirar a ello, lo que sería terrible. Hay que identificar y destacar, en tu mundo, en el mío, en el que sea, que el esfuerzo es lo que marca la diferencia.

¿Qué ilusiona a un ilusionista?

Pues las cosas más sencillas. Una buena comida, en mi caso. Soy fan de comer bien, y como en Asturias se come muy bien voy a disfrutar mucho.

Si no hubieras sido mago, ¿qué te habría gustado ser?

Cuando era niño tuve muchos proyectos de profesión. Me dio por el fútbol, pero luego lo dejé. También me gustaba mucho la pintura, y el piano, pero también lo dejé. Y cuando entró a los 12 años la afición de la magia, ya se quedó. Años más tarde comencé a estudia Psicología en la Universidad. Llegué hasta cuarto de carrera, pero no la terminé; aprendí mucho, aunque no creo que hubiera sido un buen psicólogo.

Llegas el domingo a Metrópoli Gijón, una gran apuesta por el ocio y el entretenimiento que se celebra por segundo año en la ciudad. ¿Qué le dirías al público asturiano para que no se pierda tu espectáculo?

Pues le diría que la magia en directo tiene una fuerza y una emoción increíble. En este show he incluido mi mejor magia de los últimos años, es una hora y media de espectáculo para todos los públicos. Lo bueno de la magia es que a todos, grandes y pequeños, nos deja con la misma cara de asombro.

En este show hay un juego que me encanta, el de una gigantesca tormenta de nieve que hago aparecer en el teatro sobre todos los espectadores. También hago magia con teléfonos móviles, juegos muy participativos en los que el público hace magia en sus propias manos… Es un espectáculo interactivo, que les va a sorprender y que les va a hacer reír mucho, que también es importante.

Bueno, y ya de paso, además de venir a mi show, que el público disfrute de toda la programación de Metrópoli, que me parece espectacular: la oportunidad de disfrutar de la música, del mundo del cómic, el humor… Desde luego yo me pienso escapar al recinto a ver todo lo que pueda.


Y así, muy agradecidos por nuestra parte, acaba la conversación con Jorge Blass. Si ya tenía, yo personalmente, muchas ganas de asistir al espectáculo, su carisma, su personalidad afable y su naturalidad me han dejado tan impaciente por verlo como una niña la noche de Reyes.

Será parte de su magia.

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Web: www.jorgeblass.com

Facebook: Jorge Blass

Twitter: @jorgeblass