De los Medici a las plataformas de ‘crowdfunding’: la importancia de los mecenas en la producción artística

Parece estar de moda, cada vez suena más alto y más frecuente eso del crowdfunding. Pero, ¿qué es exactamente? ¿Y cómo surge o de dónde viene el concepto? Pues el crowdfunding no es otra cosa que financiación colectiva: cuando no es posible conseguir respaldo económico -ya sea público o privado- para desarrollar una idea o un proyecto, se puede recurrir a una de esta campañas para intentar conseguir el apoyo de donantes particulares, que, ya de manera altruista o a cambio de ciertas recompensas, invierten en un proyecto antes de que vea la luz.

¿Es algo nuevo? Pues, en realidad, no. Sí lo es en la forma, en cuanto que se sirve de la tecnología como herramienta fundamental. Pero no lo es en el fondo, porque desde tiempos remotos ha sido inconcebible el desarrollo del arte y la cultura sin el sustento económico ajeno al propio artista.

Se recurre a plataformas de crowfunding para proyectos de todo tipo: peersonales, empresariales y artísticos (entre los que tienen cabida todas las disciplinas: cine, literatura, música, artes escénicas…).

 

 

Por Silvia Blanco

Tras un largo periodo durante el cual el panorama artístico se caracterizaba por la producción de obras sustentadas por la iglesia y la monarquía, a finales de la Edad Media empiezan a florecer los encargos de hombres ricos y poderosos que pretenden emular la vida de la alta aristocracia y utilizan las obras de arte encargadas a los artesanos para alardear de su posición económica. Surgen así los primeros donantes, los primeros patrones al margen eclesiástico, los mecenas de un arte al servicio del lujo.

En la Italia de mediados del XIV arrancó una tradición de mecenazgo que la dinastía de los Medici cultivaría durante más de dos siglos. Los Medici no provenían de la nobleza ni de la iglesia, pertenecían inicialmente a una nueva burguesía, enriquecida con el comercio y la banca, y bajo su protectorado se forjaron algunos de los nombres –y de las obras– más representativos del momento.

Al son del renacer cultural de la época, y atendiendo cada uno de los miembros de la familia a sus propios gustos, coleccionaron objetos preciosos, monedas, pergaminos (y otros muchos tesoros que hoy integran la colección central de la Galería Uffizi)… al tiempo que invirtieron en arquitectura, literatura, obras pictóricas o investigaciones científicas. El suyo es quizá el apellido más universal (más que el de los Sforza o el de los Borgia) vinculado a la filantropía, al patronazgo artístico y científico: la historia de su linaje, que llegó a ser muy poderoso e influyente en aquella Florencia, se entrelaza con el de la trayectoria de grandes talentos de la historia, como Donatello, fra Angelico, Miguel Ángel o Brunelleschi. Otros grandes genios renacentistas, como Rafael, Leonardo da Vinci, Tiziano, el Bosco, Ariosto… también deben su producción a los patronos.

 En la historia del mecenazgo español también hay nombres imprescindibles, muchos de ellos ligados a la nobleza y que, además de la producción artística, protegían y apoyaban monetariamente los estudios culturales y científicos. Juan de Zúñiga y Pimentel (1459-1504), por ejemplo, acogió en su palacio de Zalamea a Antonio de Nebrija mientras éste redactaba la primera Gramática de la Lengua Castellana (además de una gramática latina, un diccionario de castellano y un diccionario de derecho civil).

Gramática de la Lengua Castellana
Gramática de la Lengua Castellana

El Conde de Lemos (Pedro Fernández de Castro y Andrade) fue un gran mecenas español del siglo XVII: apadrinó a poetas, narradores y dramaturgos de nuestro Siglo de Oro, como los hermanos Argensola, Góngora, Quevedo, Cervantes, o Lope de Vega (aunque el principal protector del dramaturgo fue el duque de Sessa, Luis Fernández de Córdoba y Aragón). La obra de otros tantos escritores de nuestra literatura tampoco podría entenderse sin el mecenazgo: mucho les deben Calderón de la Barca, Diego Hurtado de Mendoza o Juan Ruíz de Alarcón a sus protectores. Don Juan de Fonseca y Figueroa fue mecenas de Velázquez (gran protegido, sobre todo, de Felipe IV, de quien fue pintor de cámara); Justino de Neve (1625-1685), de Murillo. Otro gran pintor barroco, Zurbarán, fue apadrinado por varias órdenes religiosas…

Los fusilamientos del 3 de mayo
Los fusilamientos del 3 de mayo

 La Ilustración continúa la tradición de mecenazgo heredada de siglos anteriores: gobernantes, aristócratas y religiosos se disputan incluso el patrocinio de instituciones (colegios, universidades, academias) o de artistas. Gaspar Melchor de Jovellanos fue, desde 1780, amigo y protector de Goya. Manuel Godoy (primer ministro de Carlos IV), de Leandro Fernández de Moratín.

El militar francés, convertido en empresario, Juan de Grimaldi apoyó a varios literatos románticos, como Bretón de los Herreros, Larra, Antonio García Gutiérrez o Francisco Martínez de la Rosa. El renombrado Gustavo Adolfo Béquer fue protegido del ministro Luís González Bravo.

La generación del 98, la del 14, la del 27… todos los movimientos culturales han contado con patrones e impulsores económicos de la creación artística, sin los cuales muchas de las grandes obras que han ido engrosando el patrimonio universal, no hubieran sido posibles.

Y acercándonos a nuestro presente, recién estrenado el siglo XXI las pequeñas donaciones privadas comenzaron a financiar iniciativas culturales por la red. En el año 2000 aparece ArtistShare, la primera de estas plataformas, fundada por el músico, compositor y productor Brian Camelio, quien instaura así un nuevo modelo de financiación en la industria musical en el que los fans sufragan los gastos de producción antes de que el trabajo se realice, para obtener luego unas recompensas. Después llegarían más: por ejemplo, IndieGoGo (2006), KickStarter (2009), Rockethub (2009)… y en el año 2010, las dos primeras españolas: Lánzanos y Verkami. Desde entonces hasta ahora, el número de plataformas no ha dejado de crecer y los proyectos de financiación colectiva se han ido diversificando: podemos encontrarnos con campañas de música, de cine, de investigación, lanzamiento de negocios, iniciativas personales…

Cuando hablamos de crowdfunding podemos referirnos a tres tipos de inversión:

  • El basado en donaciones: como ocurre, por ejemplo, con la financiación a posteriori de los programadores de código abierto, o en plataformas sin ánimo de lucro.
  • El basado en recompensas: es, en definitiva, una inversión de términos. El mecenas anónimo invierte en un proyecto por adelantado (en lugar de comprarlo cuando ya se ha llevado a cabo), a cambio de una serie de productos, servicios o experiencias, como disfrutar de la obra antes de que salga al mercado, objetos de merchandising o un largo etc.
  • Préstamos: los mecenas invierten en un proyecto, pero esperan recuperar lo invertido con intereses.

Una de las grandes ventajas del crowdfunding como alternativa financiera es que a los donantes no se les exigen grandes esfuerzos económicos: sus colaboraciones pueden oscilar entre cantidades casi simbólicas y generosísimas aportaciones, siempre acorde a la voluntad y capacidad de cada uno. Pero, sin duda, la principal clave del éxito del crowdfunding es su uso de Internet, su apoyo en las nuevas comunicaciones y en las redes sociales para superar fronteras y llegar a cualquier parte: el alcance y la viralidad de una campaña vendrán determinadas por la promoción que se haga de la misma, pero, partiendo siempre con la ventaja de un mundo interconectado.

En los últimos meses, tres bandas asturianas han logrado finalizar con éxito una campaña de crowdfunding: La Bande (con quien hemos podido hablar sobre su experiencia con este método de financiación) ha podido grabar su primer LP, La llamada del hombre ciervo; Belo y los susodichos han publicado su cuarto disco, Pan y Circo; y Pablo Moro y los chicos listos sacarán en breve a la luz su quinto trabajo, tras una exitosa campaña.


El mecenazgo particular no es algo nuevo; como concepto y como práctica, lleva siglos vinculado a la creación artística. Lo que, en términos modernos, llamamos crowdfunding, tampoco es tan novedoso: cuentan que ya en 1989 los jóvenes integrantes de Extremoduro vendieron 250 papeletas, a razón de mil pesetas cada una, para financiar la grabación de su primera maqueta: Rock transgresivo. El funcionamiento era el mismo que hoy conocemos: cada papeleta valía por una copia de la maqueta cuando estuviera editada.

Rock Transgresivo (Extremoduro)
Rock Transgresivo (Extremoduro)

Y, por cierto, no sé si saben que el sustantivo mecenas hace referencia a Cayo Clinio Mecenas, consejero del emperador romano César Augusto, gran impulsor de las artes, protector y patrocinador desinteresado de los jóvenes talentos y las actividades artísticas allá en el siglo I a.C. Como se dice vulgarmente: en la historia del mecenazgo, ya llovió